Del evangelio de san Marcos 4,20-25

Les dijo también: ¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero?. Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír que oiga.

Les dijo también: atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

Quienes se empeñan en sofocar la luz de la Palabra, quienes pretenden esconder a Dios en las sacristías, no saben de la fuerza de la Palabra ni de la paciencia de Dios.

La palabra del evangelio viene a iluminar al mundo como una luz en medio de la noche.

¿Quién de nosotros no padece el acoso de las sombras que le impiden ver su auténtico camino? ¿Por qué el empeño de algunos en cerrar los cauces a la luz que desvele el último sentido de la vida y nos haga vivir en la verdad?.

Marcos está pensando, sobre todo, en la incidencia de esa luz en el desenvolvimiento de la vida de la comunidad. La presencia y actividad del cristiano en la vida pública es fruto de su ver desde la perspectiva de Cristo, luz para todo hombre.

Un segundo aspecto que no podemos pasar por alto en este texto de Marcos, es la llamada de atención de Jesús a quienes le escuchan y la afirmación de su generosidad con el hombre generoso. Dios se rige con la medida que utiliza el hombre, pero atención: Dios da mucho más de lo que el hombre espera. Nos llegan como ecos las palabras del libro de los Proverbios cuando dice: “Enseña al sabio y se hará más sabio todavía” y en otro momento: “Vanidad a los vanos! ¡Plenitud a los plenos!.

Lo cierto y verdad es que quien escucha la palabra y se abre a ella, se enriquece. Por el contrario, se empobrece quien se cierra a ella.