Demonios personales.

1 de Julio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo

 

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gírasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: “¿ Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿ Has venido a atormentarnos antes de tiempo?”. Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: “ Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “ Id”.  Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

El testimonio de san Mateo
nos pone ante una realidad que,
sin revestir el dramatismo del texto evangélico,
es más común de lo que creemos.

Sin entrar en el tema de la posesión por el Maligno,
no podemos ignorar a las personas
que viven enajenadas por diversos motivos.

Todos conocemos a personas
cuya pasión por algo
les  lleva a perder el control de ellas mismas.
Personas cuya pérdida de libertad interior
es tan grande, que se ven arrastradas,
aún sin querer,
a vivir para esa pasión que les posee.

Es frecuente ver, cómo,
entre quienes no se dejan conducir por el Señor y
no han unificado sus tendencias, 
terminan siendo esclavos de  las mismas.

Seducidos y sugestionados por aquellas ideas o actitudes
que cotizan en ambientes amorales,
muchos se dejan llevar por ellas,
pensando que así consiguen un bien mayor
que si viven desde aquellos valores básicos
que ayudan a construir el centro mismo
de una personalidad libre y responsable.

¿Cuántos poseídos o esclavos del poder conocemos?
¿Cuántos por el dinero, el sexo,
el orgullo y la vanidad
viven cerca de nosotros?
Y nosotros mismos,
¿no nos vemos sometidos a veces
por el tirón de alguna actitud inconfesable?

«¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»

30 de Junio de 2009 por Alfonso

Día 30 de junio. Martes de la semana XIII.

 

Del evangelio de san san Mateo 8, 23-27

 

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!» Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!» Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

El evangelio de hoy me lleva a contemplar
otras tormentas más recias e importantes
que las que se desatan,
muchas veces de improviso y de modo violento,
en el Lago Tiberiades.

Nuestra vida no transcurre sin sobresaltos.
La armonía de la persona y de las sociedades
no es algo estático,
conseguido de una vez para siempre.

El hombre, como todo ser vivo,
no deja de estar en movimiento.
Lugar, espacio y tiempo le condicionan,
pero sobre todo
es lo más íntimo del hombre lo que está
en un continuo fluir.
Todo él está saliendo de sí para buscarse,
a la vez que se adentra para encontrase.
Su corazón, decía san Agustín,
no descansará hasta que repose en Dios.

Este peregrinar continuo
hace que el hombre atraviese
numerosas situaciones no queridas,
momentos en los que pierde el control de sí y
quisiera volver a vivir en la seguridad
adquirida con anterioridad.

Hay quienes no terminan de aceptar
que en nuestro peregrinaje se alternan
necesariamente
periodos de bonanza
con periodos en los que las dificultades
se hacen presentes,
zarandeándonos como el viento a la barca.

Si el avanzar entre tempestades
no lo podemos evitar,
sí debemos tener presente
que en nuestra misma barca
hay alguien más con nosotros,
capaz de hacer callar los fragores
más fuertes de las crisis.
El Señor tiene la última palabra,
después de la cual se hará presente “la bonanza”.

“Tú eres Pedro”

29 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo 16, 13-19

 

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

“Tú eres Pedro”.
Ante esta afirmación de Jesús,
no hay dudas de que Simón
no es lo que parece ser,
ni aquello que se piensa,
ni será aquello que siempre deseara,
ni siquiera lo que los demás percibían en su hacer.
Simón es Pedro.
 
Simón ha tenido la fortuna de que,
a pesar de su carácter primario,
de su tozudez natural,
se ha dejado hacer.
 
Simón es el hombre que se ha dejado enseñar,
que ha aprendido quién es y,
por ende, lo que debe de hacer.
 
Maravilla seguir el rastro de Pedro en los evangelios y
ver el camino recorrido con Jesús,
desde la llamada por Él en el lago
hasta su diálogo de amor en Cesarea.
 
En el texto de hoy encontramos dos momentos
que hablan de esta realidad.
 
Su respuesta a la pregunta de Jesús
no es una formulación que pueda decirse
que nace de él.
Es el Padre quien le ha revelado
lo que debe decir,
quien lo ha hecho capaz de afirmar
lo que ningún otro podría atisbar.
 
 Ha sido el Padre quien le ha puesto
delante de Jesús, su Hijo.
Y éste, a continuación,
le revelará su propia realidad:
 
- No eres Simón.
Tú eres Pedro,
la roca sobre la que edificaré mi Iglesia.
 
Pasará tiempo hasta que Simón aprenda a ser Pedro.
Cuando Jesús le deje,
será el Espíritu Santo quien le “revista”
con la fuerza del Altísimo y
lo lance a los caminos para que haga lo que es.
Para que realice la misión
a la que ha sido preparado.
 
Una verdad que debemos recuperar
es la de que o nacemos y nos dejamos hacer
por Dios, alcanzando así nuestra máxima realización,
o tratamos de hacernos fuera de su designio amoroso,
no alcanzando entonces otra cosa
que una caricatura de nuestro verdadero ser.

“Vida viva, siempre viva”.

28 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Marcos 5, 21-24. 35b-43 

 

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. 

 

RESPUESTA A LA PALABRA 

 

Palabras de un padre que sabe que la muerte 
persigue de modo implacable 
la vida de su hija. 
Palabras de un creyente. 

- Pon las manos sobre ella. 
Mi niña está en las últimas. 
Si pones tus manos sobre ella, vivirá. 

- No molestes al Maestro, 
no te empeñes en lo imposible. 

Tu hija se ha muerto 

Palabras de quienes solo ven la vida finada y 
desconocen la vida naciente, 
la fuente de la vida. 

No temas, oye el padre decir a Jesús. 
Mira, basta que tengas fe. 

La niña escuchará más tarde, 
estrenando vida: 
- Contigo hablo, pequeña, levántate. 

Hoy la vida se nos viene encima. 
El Señor no descansa. 
Su vida se hace vida en todo aquel 
que se deja tocar, 
que se deja hacer por Él. 

Vida, siempre vida 
para quienes quieran recibirla gratis. 
Vida que levanta y vence 
toda postración inútil. 
Vida recibida y entregada. 
Vida viva, siempre viva. 

Vida muerta para quien la rechace y 
busque vivir lejos de su manantial. 

Vida muerta para sí, 
vivificadora para otros. 
Desgastada sin miedo a perderla, 
enriquecida por aquellos a quienes enriquece. 
Desprovista de necesidad. 
Nacida para vivir muriendo 
y asegurar así su plenitud.

“¿Pero quién es éste?”

21 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Marcos 4, 35 40

 

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán,,y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: - «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

San Marcos nos recuerda un episodio de la vida de Jesús
que viene a iluminar la nuestra.
Nos hace caer en la cuenta que las actitudes
de los primeros discípulos no escapan de ser semejantes a las nuestras.
Los criterios por los que se rigen
no han sido aún trasformados por el Señor.
 
 
Cristo se ha embarcado con nosotros.
Ha subido a nuestra barca y hace nuestra misma travesía.
 
Viendo el pasaje del evangelio y
cuál es la reacción de aquellos hombres,
nos vemos reflejados en ellos.
En la base de sus criterios perduraba el “hombre viejo”,
sujeto a sus condicionamientos humanos.
 
San Pablo nos ayuda a comprender
cómo el actuar del hombre depende de la raíz de sus actitudes.
El hombre no convertido,
es decir el hombre viejo, piensa según la carne,
los criterios que le mueven son meramente humanos.
Mientras que, el hombre que ha renovado su mente y
percibe la realidad desde la persona de Cristo,
sus criterios son cristianos.
 
Pablo advierte que si es cierto que Xto.
se ha embarcado con el hombre en su propia historia,
éste ya no se puede vivir según la falsa sensatez
del hombre viejo.
 
La muerte y Resurrección de Jesús lo ha cambiado todo.
Y en donde primero se nota, es en su relación con Dios,
con los demás y con las cosas.
El hombre nuevo, superando el egoísmo, propio del hombre viejo,
vive para los demás.
 
La referencia que utiliza para valorar a los demás
no es la apariencia de ser
sino lo que realmente es,
es decir, su dignidad humana que nos hace iguales en Cristo.
 
Sin embargo seguimos aferrados a criterios poco cristianos
valorando a las personas, los acontecimientos,
sólo superficialmente,
cuando la realidad verdaderamente importante
escapa al simple análisis racional.
 
Los discípulos conocían al Señor,
pero su ver no llegaba más allá de considerarlo un buen hombre,
un gran maestro.
No habían descubierto en realidad quién era.
 
Muchas veces escuchamos cómo la gente se define.
Soy administrativo, médico, mecánico… .
No se dan cuenta de que equivocan lo que son
con lo que hacen, con lo que representan.
 
Hay quienes viven más de representar un papel,
que de aquéllo que son en realidad,
se esfuerzan por gustar a los otros y
luchan por mantener la imagen por ellos conseguida.
 
Nos encontramos con quienes viven para defender
el status al que pertenecen o
buscan adquirir otro más alto,
sin mirar si las mismas estructuras que lo sustentan
están dañada en sus cimientos.
 
Esta actitud constriñe la libertad y
cuando la dificultad aparece
también aparece el miedo a hundirse,
siendo a veces el principio de una depresión.
 
Por esa misma experiencia pasaron los primeros discípulos de Jesús.
 
Acostumbrados a ser pescadores, no podían sino valorar
la intensidad de la tormenta y la fragilidad de la barca,
aún no habían descubierto que más importante que todo ello
era quién hacía la travesía con ellos.
 
Normal que se sorprendieran.
No podían esperar que el Hijo del carpintero fuera el Hijo de Dios.
Vivían instalados en el pensar del hombre viejo y no habían nacido a la fe.
 
¿No nos sucede algo parecido a nosotros?

El corazón traspasado de Jesús, manantial y venero

19 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Juan 19, 31-37

 

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

“El que lo vio da testimonio,
y él sabe que dice verdad”.

El corazón traspasado de Jesús,
convertido en manantial y venero,
confirma el triunfo del amor loco de Dios,
o dicho de otro modo,
la misericordia entrañable del Padre
que Oseas, el profeta del amor,
ya había anunciado:
“Me da un vuelco el corazón,
se me conmueven las entrañas”.
Corazón entrañable el de Jesús
que una vez abierto no deja de manar
gracia tras gracia,
inundando al hombre inmerecidamente.

El que lo vio lo atestigua,
Jesús el Cristo,
al rebujo del Padre que lo acoge,
descansando la cabeza nos da su Espíritu,
mientras que de su corazón fluye sangre y agua.

Hay que leer a Juan para saber
que ese flujo y ese Espíritu son lo mismo.
Juan había recogido las palabras de Jesús:
“Quien tenga sed acuda a mí a beber”
y a continuación comenta:
”Se refería al Espíritu que deberían recibir
los creyentes en él:
Todavía no se daba Espíritu
porque Jesús no había sido glorificado”

Aún su corazón no había sido horadado
para que se convirtiera en puerta abierta
por donde Dios  y el hombre se pudieran encontrar,
como lo hacían antes de que el cielo se cerrara y
Adán se viera en la necesidad de errar
por una tierra incapaz de sustituir al Creador,
y a la que debe someter sin violencia
para que no se le rebele y le aplaste.

“El que testifica sabe que dice verdad”.
La historia, un día truncada,
retoma el cauce perdido.
El amor primero abandonado,
vuelve definitivamente a nosotros.
El corazón de Jesús late en el corazón de la historia.
Convertido en maravilloso marcapasos
de la humanidad,
la conduce ardientemente
hasta que los cielos nuevos y la tierra nueva
alcancen su plenitud.

No dejes de intervenir.

18 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo 6, 7-15

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.” Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Cuando leo estas palabras de Jesús no puedo  menos que asentir. Cuando la oración no es una “ejercicio de piedad”, respuesta a “algo establecido” o expresión de una “búsqueda de satisfacción” personal, la oración se torna enormemente sobria. La relación con Dios se simplifica cuando el objeto de la misma no es la propia persona, sino Él o los demás. El orante, que tiene conciencia de su propia pobreza y sabe del amor extremo de Dios, no pierde el tiempo buscando las palabras que mejor argumenten su petición o su acción de gracias. Situado en la presencia de Dios y abierto el corazón, deja que de éste brote sencillamente lo que ha permanecido guardado hasta ese mismo momento y que el Espíritu, ahora, transforma en oración.
Hay veces que mi oración se reduce a muy pocas palabras.

“Señor, se que estás ahí,
que estoy contigo,
que me ves.
No hay nada más que lo que ves,
no necesito decirte otra vez mi situación.
Si lo hiciera la deformaría.
Conoces perfectamente lo que me preocupa
y cómo me preocupa.
No sé lo que quieres con ello,
ni tampoco cómo lo vas a solventar.
Tú verás lo que haces, Señor.
No dejes de intervenir.

Fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

14 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Marcos 14, 12-16. 22-26

 

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: - «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: - «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: - «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: - «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor,
Día en el que la humanidad de Dios
queda enaltecida y en nuestras calles es adorada.
 
Locura ciega la del hombre ciego,
para ver la vida en quien es la Vida.
Pobre hombre, hambriento de vida,
saciado de sucedáneos,
pregonados como panaceas de dicha asegurada.

Feliz, quien contempla la vida desde dentro.
Visión teologal del pobre enriquecido,
que presencia al que era y es;
al que siendo Dios, se hizo hombre y
está en el curso de la vida
dándose como Pan de Vida.
 
Cuando la Fuente Vital escogió la carne,
como cauce para que ninguna carne muriese,
a la vez se pensó Pan, para que nadie hambreara vida.
 
Hoy el sol de la razón palidece,
ante la maravilla oculta
de la Presencia del “Señor-Alimento”,
del hombre,
Comida de los testigos,
Pan de la esperanza,
Memorial que conduce a la entrega y
enajena derechos.
 
Vida de la vida, proclamaban en Abitene
quienes iban a morir por confesar su fe:
“No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía”,
 
Y Eusebio de Cesarea  escribía a sus amigos
cuando era llevado al martirio:
“Cada lugar donde se sufría era para nosotros
un sitio para celebrar…
ya fuese el campo, un desierto, un barco,
una posada, una prisión…”
 
Sí, sabemos que fue en la Última Cena donde Jesús
vivió el momento culminante de su existencia terrena
y nos hizo partícipes de él de una vez para siempre.
 
Su entrega en el amor al Padre y a nosotros,
expresada en su donación sacrificial,
en su cuerpo entregado y en la sangre derramada,
la precipita y adelanta,
en el Pan roto y en el Cáliz que sacia toda sed,
y así permanecer para siempre,
 
Legado suyo es el Memorial de ese momento culminante.
Memorial que nos  devuelve a la Memoria Viva,
a la Eterna Memoria
de la que nunca salimos a pesar de nuestra existencia errante.
 
Bendito sea Dios que así lo quiso.
 
Desde el momento en el que Jesús dice:
“Haced esto en memoria mía”
nuestra memoria frágil,
es asumida en la memoria eterna,
su presencia real se torna proximidad,
y se convierte en viático,
salvoconducto que nos guarda de perdernos
por caminos errados,
en los que el egoísmo,
la soledad y
el olvido marcan las etapas
de quien sin memoria deambula desnortado.

“Deja primero tu ofrenda y reconcíliate con tu hermano”.

11 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo 5, 20-26

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. »

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Cuánta sabiduría encierran las Escrituras Santas.
El decir de Jesús nos introduce necesariamente
en el corazón de la realidad.
Es certero en dar con la verdad que anida
en los entresijos de nuestro corazón y
nos desvela sin más la falsedad
en la que a veces nos instalamos.
 
Quien pretenda agradar a Dios,
no podrá hacerlo
si antes su corazón no está limpio de rencor.
La enemistad entre hermanos 
hiere el corazón del Padre
e impide una relación positiva del enemistado con Él.
 
Esta palabra de Jesús, que hoy contemplamos,
nos sitúa ante una realidad muchas veces padecida
por nosotros
y sin embargo, muy poco tenida en cuenta.
Quizás se deba a una falta de conocimiento
experiencial de Dios como Padre,
que se traduce en esa carencia de sabernos
de verdad hermanos.
 
¿Qué regalo mayor se puede hacer a un padre
que la paz cordial entre sus hijos?.
 
No necesita nuestro Dios ofrendas,
no son promesas lo que espera,
sino amor que restañe las heridas causadas
por la búsqueda egoísta de un bien
en el que se ignora el principio de la fraternidad.
 
El amor a Dios es inseparable del amor al hermano,
tanto es así que,
la ruptura que produce en el seno de la “familia”,
impide la celebración correcta de la Eucaristía.
 
Se entiende que Jesús nos diga:
“Deja primero tu ofrenda y reconcíliate con tu hermano”.
Y el sacerdote nos pida antes
de la Comunión con el Cuerpo del Señor:
“Daos como hermanos la paz” 

10 de Junio de 2009 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo 5, 17-19

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. »

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Jesús les dijo:
“No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas.
No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”
 
Quienes no conocen los entresijos de las Escrituras Santas,
piensan que con los libros del Nuevo Testamento
tendríamos suficiente.
 
Se preguntan qué necesidad tenemos de los escritos
anteriores a la venida de Jesús,
si Él es la Palabra definitiva del Padre
y en Él queda revelado definitivamente su designio salvador.
 
Y argumentan:
Si la Alianza del Sinaí y la Ley dada a Moisés
quedó superada por la Cruz de Jesús y la Ley del Amor,
¿para qué seguir insistiendo en unas historias
que nos presentan a un Dios,
muchas veces alejado del amor?
 
Es cierto que la revelación alcanza su plenitud
con la venida del Señor.
El designio amoroso de Dios alcanza en Él su cumplimiento.
Pero precisamente por ello,
nada de la Primera Alianza,
nada de “Ley y los Profetas” sobra,
más aún,
ella ilumina, desvela y conjunta la Historia de la Salvación.
 
En los Libros Santos del Antiguo Testamento
encontramos las claves para entender mejor
el por qué y el para qué de la vida de Jesús,
de su muerte y resurrección,
de su misión confiada y prolongada a su Iglesia.
 
Desde el Génesis hasta el librito del profeta Malaquias,
podemos contemplar la trama de la Historia de la Salvación
que nos aproxima y desemboca en Jesús.
 
Señalo sólo algunos puntos que nos pueden ayudar
a entender la unidad de todo el Libro Sagrado.
 
Si en Adán fuimos llamados a la vida terrena,
en Cristo, nuevo Adán,
somos llamados e introducidos en la vida eterna. 
 
Si Abrahán está dispuesto a sacrificar a su propio hijo,
nuestro Padre Dios, en su amor a nosotros,
nos entrega al suyo y deja que lo sacrifiquemos
“para que por la muerte de uno todo el pueblo se salve”.
 
Moisés librará de la esclavitad a Israel,
lo hará pueblo,
recogerá  de Dios, en el Sinaí, la Alianza,
lo conducirá hasta la Tierra Prometida.
Jesús será le nuevo Moisés.
Él nos librará a todos de la esclavitud del pecado,
su muerte sellará la Alianza definitiva,
su resurrección nos introduce en la “Tierra de Dios”,
nos da su misma vida y
nos hace participar de su suerte.
 
Podríamos seguir, con David, los Profetas…
Los salmos están llenos de referencias a Él.
El Cantar de los Cantares nos aproxima a su modo de amar.
Y así los demás libros.