¿Dónde y cómo encontrarlo hoy, dos mil años después?.

7 de Julio de 2008 por Alfonso

Del evangelio de san Mateo 9, 18-26

 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.» Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo: «¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.» Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

RESPUESTA A LA PALABRA

 

En el evangelio de san Mateo se marcan dos acciones importantes que están en la base de toda relación personal. Aquel padre que tiene a su hija enferma pide a Jesús que ponga su mano en el cabeza de la niña. La mujer que sufre flujo de sangre pretende tocar a Jesús, aunque sea superficialmente.

No podemos considerarlos como actos mágicos, sino como expresión de una relación confiada. Tocar y ser tocado son acciones que expresan la proximidad de una relación entre dos personas que se conocen entre sí, a la vez que se conocen a ellas mismas. La experiencia nos dice lo mucho que necesitamos expresar nuestra vida interior a las personas que amamos con todo nuestro ser. Alma, cuerpo y espíritu se ponen en tensión hacia el otro, y esperamos que el otro también venga a nosotros sin reservas.

Cuanto mayor es el conocimiento y  la confianza, más crece la relación y por tanto, mayores son los gestos que exteriorizan esa experiencia íntima de los dos.

Tocar, palpar, ver, escuchar…, es necesario de algún modo, para creer. Santo Tomás, el discípulo del Jesús, advirtió a sus compañeros que no podía creer si no veía las huellas de la cruz en el cuerpo del Señor, y una vez que palpó las heridas glorificadas del Resucitado, lo confesó como su Señor.

¿Dónde y cómo encontrarlo hoy, dos mil años después?.
La Iglesia, siguiendo sus pasos y su enseñanza, nos dice que podemos encontrarlo en la Eucaristía de modo eminente, también en las Escrituras Santas y en el hermano.

Si, Padre, así te ha parecido mejor.

6 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san Mateo 11, 25-30

 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

No nos resulta fácil acoger el Evangelio y Jesús lo sabe. Es necesario un corazón sin pliegues ni recovecos para aceptar el amor como única medida y ver en las pequeñas historias de todos los días la presencia de un Dios de Misericordia.
 
Jesús, ante la realidad sencilla de los que le siguen, abre su corazón y canta su Magníficat personal, la perla del evangelio de san Mateo: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.”
 
Nada mejor le ha parecido a su Padre que hacer partícipes de su vida a los pobres, nada mejor que abrir su corazón a los sencillos y dejarles pasar hasta los hondones desde donde brota el amor. Las entrañas de la Trinidad Una y Santa han sido abiertas para colmar la pobreza de los sencillos.
 
Jesús, en medio de las dificultades que encuentra en la comunicación de su mensaje,
da gracias al Padre porque ha volcado su misericordia sobre el corazón de los humildes y de  los pobres. Seguro que mientras cantaba al Padre veía entre los presente a todos los sencillos de todos los tiempos, a todas las generaciones de pequeños que le había antecedido. Seguro que entre ellos percibía a su Madre y Él mismo se sentía uno de ellos.
 
El evangelio de hoy es más la expresión de los sentimientos del Señor. Jesús nos manifiesta el misterio escondido desde el mismo día en el que creó al hombre haciéndolo a su imagen y  al que los hombres de todos los tiempos se han acercado sin haber podido penetrar.

  • La grandeza de Dios
  • La pequeñez de lo humano
  • La grandeza oculta en esa pequeñez o sencillez es Jesús, el Hijo de Dios

El evangelio apunta a la realidad viva que mana de la forma de ser de Dios: La sencillez, la humildad.
Dios es la suprema humildad, el primer pobre, porque es el Amor de todo amor. Si no lo conocemos es porque vivimos en el otro lado de la realidad divina: La soberbia, la vacuidad, el  revestirse de falsedad para dar una imagen que no corresponde.
 
¿Cómo volver a nuestro ser primero?. ¿Cómo poder contemplar a Dios en la hondura de sí mismo?. El camino que nos propone Jesús es la búsqueda y el amor a la verdad. Volver al principio y fundamento. Volver, como el hijo pródigo, al Amor primero.

No se echa vino nuevo en odres viejos.

5 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san Mateo 9, 14-17

 

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.» 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Hay un mirar al presente en el evangelio de hoy que engancha. Jesús trata de arrancarnos de toda situación que nos fije en el pasado o nos lance a un futuro sin historia. No estamos llamados a repetir los esquemas de otros tiempos ni vivir enajenados de la realidad, no debemos forzarla con nuestras actitudes voluntaristas.
 
Cada tiempo tiene su propia densidad. Jesús no renuncia al pasado, tiene conciencia clara que todo lo acontecido forma parte de nuestra realidad personal, aunque lo neguemos o lo desconozcamos, pero no vive instalado en unas formas determinadas. La nostalgia no es propia del creyente que ha recibido la Buena Noticia del Evangelio.
 
Hay un eco inextinguible en las palabras de Jesús “Dejad que los muertos entierren a sus muertos. Vosotros seguidme”. Él que es la Vida nos invita a vivir la novedad de unos valores no constreñidos por una visión empequeñecida de la naturaleza humana. Su venida ha introducido en ella un germen nuevo  que, si se deja crecer, recrea al hombre insertándole en una dinámica sobrenatural.
 
Lo viejo tuvo y tiene su valor, la naturaleza está ahí y es irrenunciable pero adquiere su plena verdad cuando se abre a la gracia. El vino nuevo reclama odres nuevos.
 
Jesús nos dice: ¿Por qué parcheas tu vida si gratuitamente la puedes recibir nueva? 

Él se levantó y lo siguió

4 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san  Mateo 9, 9-13

 

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: « ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: -«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Cuántas veces hemos oído: “La conversión no es puro esfuerzo del hombre sino es, ante todo, fruto de la iniciativa de Dios que busca incansablemente su salvación” .

No es Mateo quien intenta salir de su situación de pecado y corre tras el Señor. Es Éste, el que llevado de su amor, se encuentra con él y le llama a compartir vida y misión.

Me admira ver cómo Jesús, sabiendo de Mateo más que él sabe de sí mismo, se inclina ante él y le llama; ahora bien, admira más aún que Mateo, sabiéndose pecador y sabiendo de la santidad de Jesús, se atreva a seguirlo.
 
Sólo encuentro una razón para tal atrevimiento: La confianza plena en Jesús. Mateo sabe de sí, motivo para decir como Pedro: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”, pero sabe sobre todo, que Jesús puede transformarle el corazón.

«Hemos visto al Señor.»

3 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san Juan 20, 24-29

 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. » A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Sí, la fe no es un sentimiento subjetivo, ni tampoco es un  conjunto de enseñanzas; la fe necesita de la verdad que la sustenta y esta verdad es la persona de Cristo. No hablamos del modo de percepción de la misma, afirmamos la necesidad de un modo de presencia suficiente para que la relación sea real por las dos partes.

Tomás necesita ver a Jesús a pesar del cambio operado en Él por su resurrección. Jesús no se podrá mostrar lo mismo que antes lo hacía, pues su cuerpo ha sido glorificado por la resurrección, pero para Tomás y para cualquiera de nosotros, es necesaria la gracia de su presencia real para creer.

San Juan nos ofrece el encuentro de Jesús con Tomás y en él nos da las claves de discernimiento para saber que Él es Jesucristo. Dicho sencillamente: Jesús humillado y crucificado, es el mismo que el Cristo resucitado y glorificado. Con qué sencillez nos explica el misterio del señorío de Jesús. Él ha asumido toda la condición humana, quedando impresa en su cuerpo entregado y rescatado. Las huellas de sus heridas glorificadas siguen presentes en Él, pacificando nuestro corazón al saberlas operantes: “Sus heridas nos han curado”

Le rogaron que se marchara de su país.

2 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san Mateo 8, 28-34

 

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gírasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?”. Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: “ Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Id”. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Sin ser lo más importante que el texto nos ofrece, hay una realidad en él que corrobora  la idea del menosprecio de la persona, cuando los intereses materiales están en juego. Hoy como entonces una cosa es hablar de los derechos y de la dignidad de la persona y otra distinta facilitárselos, aun cuando se ponga en juego la seguridad y el estatus social y económico de quienes están llamados a ello.
 
Jesús ha curado a dos hombres y ha consentido que se pierda una piara de cerdos. Sin llegar a poner en duda la diferencia entre los hombres que sanan y los cerdos que se pierden, los habitantes de aquel país lo tienen claro: Jesús es un peligro para sus intereses.
 
Esta situación, con todas la variantes que queramos ponerle, se ha repetido a lo largo de la historia. Todo aquello, animal o casa, que produce beneficios se cuida. Toda persona humana que ponga en peligro los intereses de otros congéneres será marginada por éstos hasta hacerla desaparecer. Y por desgracia no es cosa de sociedades primarias, que luchan por la supervivencia, sino de sociedades evolucionadas, donde la hipocresía ha crecido al ritmo del desarrollo, se cree que los valores no tienen más realidad que la que cada uno le otorga y el hombre es parte de un engranaje político-económico del cual no se puede salir y si lo hace, pierde los derechos que esa sociedad le otorga, dejando de existir para ella.
 
Desde este planteamiento es lógico que Dios estorbe. O lo expulsamos de nuestro país o  negamos su existencia, reduciéndolo a algo ancestral, opresor y antimoderno.

“¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”.

1 de Julio de 2008 por Alfonso

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Del evangelio de san Mateo 8, 23-27

 

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. Él les dijo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!”. Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: “¿ Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen”.

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

El miedo es algo de lo que difícilmente escapamos mientras vivimos, sobre todo cuando tenemos conciencia de que estamos solos. Nuestra fragilidad nos hace caer en la cuenta de aquello que nos amenaza y puede que nos lleve a considerarnos incapaces de superar los escollos que de improviso nos salen al encuentro. La experiencia nos enseña hasta qué punto necesitamos de la compañía de alguien que nos aporte la seguridad que no hay en nosotros.

El evangelio de hoy nos introduce en esta realidad tan humana y tan diciente de nuestro ser en todas sus dimensiones. También la fe necesita “ver, oír, tocar”, experimentar la presencia de aquél o aquéllos en quienes creemos.

El Evangelio, una vez más, viene a discernir la situación de muchos de nosotros. Nos cuenta Mateo cómo los discípulos del Señor experimentaron el vértigo del miedo, por su silencio, en medio de  una situación adversa. El grito llega hasta nuestros días en la voz de aquellos que viven el silencio de Dios en sus propias vidas: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. ¿Problema de fe?. A veces no. Una cosa es la desconfianza y otra el sentimiento de abandono. Cuando se invoca al Señor y se hace con fuerza, es porque en el fondo se confía en ser escuchado y lo que se pretende es acortar la espera.

Un orante del Antiguo Testamento ante el silencio de Dios, le gritaba: “¡Despierta ya! ¿Por qué duermes Señor? ¡Levántate, no nos rechaces para siempre! ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?… ¡Álzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!.

La Iglesia, desde que diera sus primeros pasos no deja de decir: “¡Ven, Señor Jesús!”

Se le acercó un escriba y le dijo: -«Maestro, te seguiré adonde vayas.»

30 de Junio de 2008 por Alfonso

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 18-22

 

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: -«Maestro, te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: -«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.» Otro, que era discípulo, le dijo: -«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Jesús le replicó: -«Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.»

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

El discipulado no es una realidad exclusiva de Jesús. Los maestros y rabinos de su época  también tenían un grupo de discípulos que seguían sus enseñanzas, que aprendían de ellos las Escrituras Santas y el modo de interpretarlas, según la escuela a la que pertenecían. Un rabino importante de aquella época fue Gamaliel, maestro de Saulo de Tarso.
 
La novedad que Jesús introduce entre sus discípulos es una nueva forma de relación, que supone superar el binomio “enseñante-enseñado” y abrirse a una relación personal que comprenda compartir vida y misión.
 
Las palabras de Jesús sólo pueden entenderse en el contexto de un seguimiento exclusivo, que compromete toda la vida. ¿Nos parece exagerado? Puede que sí, pero estamos hablando de  una decisión plenamente libre, que nace como respuesta a una invitación totalmente gratuita. Invitación a compartir vida y misión con el amor como única nota distintiva.

29 de Junio de 2008 por Alfonso

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Solemindad de San Pedro y San Pablo 

 

RESPUESTA A LA PALABRA

 

Ha resucitado el Señor. Los discípulos han vuelto a Galilea, lugar de donde salieron para seguir a Jesús. Ahora comenzarán una nueva andadura.
Pedro, decide nuevamente ir a pescar con sus compañeros.
Aquella noche no cogen nada.
Jesús resucitado se acerca a ellos y les indica el lugar donde deben echar las redes.
Juan descubre que es el Señor y lo dice a sus compañeros.
La pesca es abundante y cuando llegan a tierra se encuentran la mesa preparada por el Señor.
Después de la comida, Jesús pasea con Pedro, a quien había elegido para ser el pastor de su Iglesia y que le ha negado en el momento de su muerte.
 
Conviene fijarse en los términos de la conversación:
            No hay reproches por su conducta.
            No  hay enseñanzas nuevas que hacer
            No hay normas para no caer en la tentación.
 
Sorprende la pregunta de Jesús:
¿Pedro me amas más que estos?
 
Para Jesús no está en juego la misión, lo que se juega es el amor.

Resuenan las palabras de San Pablo:
“Ya podría dar todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo, si no tengo amor de nada me sirve”.
 
Todo comienza y todo termina en el amor.
La pregunta de Jesús a Pedro necesita ser oída por  nosotros:
“¿Me amas más que estos?
 
La respuesta no nace de la inconsciencia
ni de la suficiencia.
Nace de saberse amado y en las manos de Dios
 “Sí, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.

Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo

28 de Junio de 2008 por Alfonso

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: -«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho. » Jesús le contestó: -«Voy -yo a curarlo. » Pero el centurión le replicó: -«Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.» Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: -«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Y al centurión le dijo: -«Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.» 

 

RESPUESTA A LA PALABRA 

 

En el evangelio de ayer, san Mateo nos presentaba la fe de un hombre de Israel marginado por la impureza que suponía ser leproso y al que Jesús reintegra a la vida normal “porque quiere”. Alguien impuro a quien “no le asiste el derecho” de acercarse a otro que es puro, alcanza de éste, “sin tener obligación de hacerlo” la curación y con ella, la pureza legal. 

Son, la libertad confiada de los dos y el sentido de la gracia concebida como forma de vida, los que posibilitan el encuentro sanador que el evangelio nos presenta. 

El texto de hoy avanza más aún y nos presenta a un hombre impuro, no por circunstancias de una enfermedad, sino por su origen pagano. Alguien lejano al Señor por su estatus cultural, político y religioso. Un hombre que, careciendo de una base sociológica y religiosa para creer, ha desarrollado una confianza en el Señor que supera cualquier expectativa.

Vuelvo al principio de realismo que comentaba ayer. Este Romano conoce su situación real con relación a él mismo, a su criado enfermo y a Jesús. Él no puede hacer nada por su criado, sino interceder ante quien le puede curar. Ese alguien que le puede curar no puede acercarse al enfermo, no puede entrar en su casa porque incurriría en impureza por tratarse de la casa de un pagano.

La confianza del Romano en Jesús es absoluta. Al deseo de Jesús de entrar en su casa y corresponder así a la confianza que le está demostrando, el Centurión responde, para no comprometerlo más allá de lo necesario: -«Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.». 

La alabanza de Jesús cierra el episodio. Un corazón orientado al suyo y en el que la confianza es ilimitada, es un corazón capaz de recibir cualquier gracia.