Dios es Comunión.
Del libre del Deuteronomio 26, 16-19
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón v con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te propone: Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones: Que serás su propio pueblo, como te prometió, que guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho.»
RESPUESTA A LA PALABRA
Para finalizar esta primera semana de cuaresma
la Iglesia nos presenta, para nuestra contemplación,
un texto que va más allá de ser una fórmula,
que rubrica una forma de relación entre Dios y su Pueblo.Es cierto que Moisés ratifica con esta formulación “jurídica”,
y de una manera solemne, la “Alianza”,
pero detrás de todo ello nos encontramos con las claves
de toda relación con Dios,
que vive implicado con el hombre y
del que le interesa todo lo que le sucede.Dios está presente en los avatares de la historia
porque ama al hombre y se entrega a él
para que alcance su fin último, su felicidad plena.La fe del creyente de la Biblia es la de aquel
que tiene una experiencia viva y cercana de Dios.Dios no es un concepto, o alguien al que se llega
por el análisis de la realidad o
por la necesidad de tener un motivo
desde el que dar sentido a la vida.Dios es Comunión.
Alguien que está presente en la vida del hombre,
tanto en su privacidad como en su participación
con los demás en el desarrollo de la sociedad y de la historia.Pero no es un igual al hombre.
Él lo antecede y tiene un designio para éste.
Designio de salvación que le ofrece y
le ofrecerá siempre por pura gracia.
“Porque amó a tus padres y
después eligió a su descendencia,
él en persona te sacó de Egipto…”,
le recordará Moisés a Israel.Y, para que no se pierda mientras camine,
les dará “leyes inteligentes” que otros pueblos desconocen.A esta preocupación amorosa de Dios,
el creyente corresponde acogiéndolo
como su único “Señor y viviendo fielmente
esa relación graciosamente establecida.La memoria de esta presencia será una constante,
de manera que dos palabras serán claves
a lo largo de toda la Historia del Pueblo creyente:
“Recuerda” y “Amarás”.También nosotros deberíamos recordar que,
desde antes de que gozáramos de esta existencia,
ya éramos amados por Dios.
Y que lo que nos pide
no es otra cosa que la acogida del mismo,
para los que nos ofrece el camino mejor: Jesús, su Hijo.



