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17 Febrero
2009
escrito por Alfonso

Del evangelio de san Marcos 8, 14-21 

 

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían mas que un pan en la barca. Jesús les recomendó: -«Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.» Ellos comentaban: -«Lo dice porque no tenemos pan.» Dándose cuenta, les dijo Jesús: -«¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?» Ellos contestaron: -«Doce.» -« ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?» Le respondieron: -«Siete.» Él les dijo: -«¿Y no acabáis de entender?» 

 

RESPUESTA A LA PALABRA 

 

La levadura es algo que no se ve pero su presencia altera la realidad de lo que la acoge. Todos sabemos que un alimento puesto en contacto con un fermento sufre una transformación que le cambia sus propiedades. Si no queremos que un alimento fermente necesitamos aislarlo, ponerlo fuera de la acción de esos microorganismos. 

También en la vida de las personas inciden ideas y tendencias que pueden cambiar sus formas de pensar y de actuar. 

Jesús advierte a sus discípulos, les previene sobre la forma de pensar y actuar de los seguidores de Herodes y de los fariseos. Unos defendían la necesidad de adaptarse a las circunstancias, dejándose influir por los modos de pensar de las corrientes extranjeras. Los otros, los fariseos, defendían la tradición y la ley por encima de todo, reduciendo el discernimiento personal, negando así la libertad y la gracia. 

También nosotros estamos advertidos. La Iglesia no deja de presentarnos el deterioro de la persona cuando se deja infectar por los fermentos del relativismo moral. Todos sabemos, o podemos llegar a saber si nos paramos a ver la “realidad real”, que el caldo de cultivo cultural en el que chapoteamos nos lleva a defender lo que es indefendible en sí mismo: la muerte del no nacido, la regulación de la fase final de la vida, la ley del mínimo esfuerzo para hacerse personas de bien, la mentira o verdades a medias como moneda para triunfar… 

La gran dificultad que tenemos es que no podemos dejar de vivir en medio de este mundo. Nuestra lucha no estriba sólo en no dejarnos contaminar, sino en ser fermento nuevo que humanice de verdad al hombre de hoy. 

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