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19 Febrero
2008
escrito por Alfonso

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Del evangelio de san Mateo 23, 1-12 

 

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

 

RESPUESTA A LA PALABRA 

 

Me parecen demoledoras estas palabras del Señor con las que cuestiona no sólo las actitudes de los escribas y de los fariseos, sino las de todos nosotros. 

Nos invita Jesús, a discernir la falta de coherencia entre el decir y el hacer de algunos, a la vez que nos sitúa ante el peligro de ser igual que ellos, si no abandonamos nuestras pretensiones ambiciosas y vivimos según la verdad que hay en nosotros. El humilde y el servidor será el verdadero “hijo” de Dios.

Pero miremos la primera parte del texto. Jesús nos advierte de que no hay razón para dejar de hacer lo que es bueno porque quien lo proclama no lo sea. Un discernimiento correcto nos llevará a vivir la coherencia que ellos no demuestran, lo cual no es fácil desde el momento en el que tendemos a justificar nuestros errores a partir de los ajenos. Muchas veces la excusa que ponemos para justificar nuestra “justicia” es la injusticia de los demás.

Otra realidad que me resulta muy fuerte es la advertencia que nos hace para no caer en el disimulo, para no vivir en la apariencia, cosa fácil desde el momento en el que le damos más importancia a las formas que al corazón. Jesús nos dice que huyamos de fabricarnos una imagen que no nos corresponde. De un modo contundente nos dice: No queráis ser lo que no os corresponde. “Vosotros no os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno sólo es vuestro consejero: Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”   

1 comentario

  1. Carmen
    20/02/2008

    Este evangelio y el del día 18 dan las pautas de como se debe vivir, siempre con Cristo presente y viendo, a los de tu alrrededor, como lo que son personas.

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